Como no sabía que pasaba, Daniel se levantó a
las 7:00 am preocupado y pensando que llegaría tarde a su clase. Su sueño
irreal donde él caía en un ascensor, a alta velocidad, fue el que le avisó que tenía 30 minutos para
llegar a tiempo a su primera clase del día.
Sus 30 minutos se convirtieron en una hora porque a pesar de que estaba
tarde, realizó todo su monótono post-despertar, en ese lapso de 1800 segundos.
Era un viernes largo y agitado, en donde un momento recordó el porqué de su
pesadilla. Un viernes donde la noche era
adolescente, alcohólica y rumbera, pero una semana atrás. Su sangre un poco “alicorada” fue el causante
de un mareo y un vértigo en un ascensor de un centro comercial. Escena que perduró unos segundos pero que una
semana después se proyectó en su sueño como si fuera real o como si fuera un Déjà vu.
Su anterior viernes fue
fenomenal, se divirtió con sus mejores amigos que lo recibieron con una cálida
bienvenida luego de su viaje. Él no pensaba en el mañana sino en su ahora, no
se imaginaba que el siguiente Jueves estaría a las 2:00 pm redactando, pensando
y contestando un parcial sobre la historia del desarrollo. Un jueves que lo
vivió y que más encima durante su parcial, solo tenía una mezcla en su cerebro sobre el
tema a ser evaluado y sobre una película, que la noche anterior había visto. Una noche de miércoles donde hizo con Alicia
un viaje al país de las Maravillas mediante una pantalla en la pared. Ya eran las 2:40 del día del parcial, y
quedaban veinte minutos para entregar. Y el parcial no fluía, solo veía en su hoja a un conejo blanco y a
un escritor llamado Lewis Carroll bailando un famoso baile, que solo los que
han visto la película conocen el nombre, el Futterwacken
. Aunque no lo crea, Daniel terminó bien su parcial y lo contestó todo,
como si Conejo Blanco le hubiera soplado pero en realidad fue la presión de
entregar. Se cree que fue gracias a dos
días atrás, cuando estaba en clase de esa materia y los temas los escucharon y
los memorizó mecánicamente.
El martes anterior de
su pesadilla, Daniel tuvo un golpe de suerte porque no tuvo clase de voleibol,
como a él no le gustan los deportes pero le toca practicarlo como electiva. Su
tarde del martes la pasó haciendo vida social y en la noche repasando para su materia de
terror. La estadística fácil pero enredada,
en la que se aprende más haciendo cálculos para pasarla que cursándola. Una asignatura
en la que tiene que permanecer 4 horas semanales recibiendo formulas y fórmulas
para llevarlas a un contexto que aún no sabe para qué es. Y preciso al día
siguiente de su fallida clase deportiva, estaría recibiendo la clase a las diez
de la mañana, una clase que llegaría perdido e inconsciente de los procesos que
haría su lápiz.
Ya regresando a su
viernes en donde tenía clase a las 7:30 am, Daniel comienza su día académico contando y escribiendo este
texto que ha sido un taller de cómo realizar una crónica, siguiendo los parámetros
que su profesor ha dejado en el pizarrón. Concluyendo que elaborar un escrito
de estas capacidades se debe tener una mente despejada y creativa, pero que es
preocupante saber en un futuro, si el que la leyó le gustó o si el que le
calificó le pareció una crónica que cumple las exigencias.










