domingo, 21 de agosto de 2016

Crónica de una semana cualquiera


 Como no sabía que pasaba, Daniel se levantó a las 7:00 am preocupado y pensando que llegaría tarde a su clase. Su sueño irreal donde él caía en un ascensor, a alta velocidad,  fue el que le avisó que tenía 30 minutos para llegar a tiempo a su primera clase del día.  Sus 30 minutos se convirtieron en una hora porque a pesar de que estaba tarde, realizó todo su monótono post-despertar, en ese lapso de 1800 segundos. Era un viernes largo y agitado, en donde un momento recordó el porqué de su pesadilla.  Un viernes donde la noche era adolescente, alcohólica y rumbera, pero una semana atrás.  Su sangre un poco “alicorada” fue el causante de un mareo y un vértigo en un ascensor de un centro comercial.  Escena que perduró unos segundos pero que una semana después se proyectó en su sueño como si fuera real o como si fuera un Déjà vu.
Su anterior viernes fue fenomenal, se divirtió con sus mejores amigos que lo recibieron con una cálida bienvenida luego de su viaje. Él no pensaba en el mañana sino en su ahora, no se imaginaba que el siguiente Jueves estaría a las 2:00 pm redactando, pensando y contestando un parcial sobre la historia del desarrollo. Un jueves que lo vivió y que más encima durante su parcial,  solo tenía una mezcla en su cerebro sobre el tema a ser evaluado y sobre una película, que la noche anterior había visto.  Una noche de miércoles donde hizo con Alicia un viaje al país de las Maravillas mediante una pantalla en la pared.  Ya eran las 2:40 del día del parcial, y quedaban veinte minutos para entregar. Y el parcial no fluía,  solo veía en su hoja a un conejo blanco y a un escritor llamado Lewis Carroll bailando un famoso baile, que solo los que han visto la película conocen el nombre, el Futterwacken . Aunque no lo crea, Daniel terminó bien su parcial y lo contestó todo, como si Conejo Blanco le hubiera soplado pero en realidad fue la presión de entregar.  Se cree que fue gracias a dos días atrás, cuando estaba en clase de esa materia y los temas los escucharon y los memorizó mecánicamente.
El martes anterior de su pesadilla, Daniel tuvo un golpe de suerte porque no tuvo clase de voleibol, como a él no le gustan los deportes pero le toca practicarlo como electiva. Su tarde del martes la pasó haciendo vida social  y en la noche repasando para su materia de terror. La estadística  fácil pero enredada, en la que se aprende más haciendo cálculos para pasarla que cursándola. Una asignatura en la que tiene que permanecer 4 horas semanales recibiendo formulas y fórmulas para llevarlas a un contexto que aún no sabe para qué es. Y preciso al día siguiente de su fallida clase deportiva, estaría recibiendo la clase a las diez de la mañana, una clase que llegaría perdido e inconsciente de los procesos que haría su lápiz.
Ya regresando a su viernes en donde tenía clase a las 7:30 am, Daniel comienza  su día académico contando y escribiendo este texto que ha sido un taller de cómo realizar una crónica, siguiendo los parámetros que su profesor ha dejado en el pizarrón. Concluyendo que elaborar un escrito de estas capacidades se debe tener una mente despejada y creativa, pero que es preocupante saber en un futuro, si el que la leyó le gustó o si el que le calificó le pareció una crónica que cumple las exigencias.



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